Editorial
Por
Jorge Infante Velarde
Última actualización 31/07/2009@19:29:51 GMT+1
La derecha chilena está feliz y tiene razones para ello. Nunca como ahora y desde que se recuperara la democracia, había estado tan cerca de acceder nuevamente al poder. En 2008, se cumplieron 50 años desde que la derecha tradicional chilena, accedió –al menos democráticamente-, por última vez al poder. En aquella ocasión (1958), fue Jorge Alessandri, el referente de la derecha más conservadora y arcaica, que recuerdan los chilenos ganando la presidencia del país en unas elecciones.
La llegada encubierta al poder en 1973, de la mano de los golpistas de Pinochet y la entusiasta participación en las tareas de gobierno de los 17 años de la dictadura, es una deuda política que los conservadores chilenos no han dejado de pagar desde el retorno a la democracia en cada ocasión de unas elecciones pero, el tiempo pasa y aquella vieja “hipoteca” vive –al tenor de las últimas encuestas-, sus últimos pagos y está pronta a ser saldada definitivamente y, lo más llamativo es que el valedor para saldar esa vieja deuda política, será precisamente un ex miembro de la otrora prometedora Concertación, la alianza de partidos que desde hace 20 años rige los destinos de Chile. La idea general que actualmente toma cuerpo en Chile es que un candidato de la izquierda dará el triunfo a la derecha chilena.
La llegada del ex socialista Marco Enríquez-Ominami como candidato independiente en las primeras elecciones presidenciales chilenas tras la muerte del ex dictador Augusto Pinochet, en el 2006, “le dará el triunfo en bandeja” al derechista Sebastián Piñera, dicen los analistas políticos al comentar los resultados de las últimas encuestas una de las cuales, indica que en primera vuelta, Sebastián Piñera, el candidato conservador, obtendría un 43% de los sufragios que aunque insuficientes para declararse ganador, está muy por encima del candidato oficialista, Eduardo Frei quién apenas, llegaría al 21% y Enríquez-Ominami, el tercero en liza, conseguiría un exiguo 13% que, bien mirado, no sirve absolutamente para nada aunque es preciso decir que este porcentaje es lo que corresponde a la llamada izquierda extraparlamentaria que en estas elecciones, prefiere apoyar a Enríquez-Ominami y deja de lado a los tres candidatos minoritarios: Alejando Navarro (2%), Jorge Arrate (1%) y Adolfo Zaldívar (1%).
En una posible segunda vuelta, -que se celebraría en enero-, el candidato de la Alianza de derecha lograría un 46% de apoyo, mientras que el ex presidente y abanderado de la Concertación gubernamental, Eduardo Frei, obtiene un 30% y la razón para este magro crecimiento en segunda vuelta, se explicaría por el hecho que muy pocos de aquellos que apoyaron a Enríquez-Ominami en primera vuelta, estarían dispuestos a apoyar a Frei en segunda vuelta y –lo más probable-, es que se abstendrían
Hay otro hecho claro que evidencia la debilidad de la Concertación ante las próximas presidenciales y es que mientras la derecha se aglutina de manera sólida en torno a un único candidato, la coalición oficialista (o la izquierda, en definitiva), se desangra en luchas intestinas y presenta en la práctica, cinco candidatos: (Frei, Enríquez-Ominami- Arrate, Navarro y Zaldívar)
A lo anterior, hay que agregar el hecho que desde el fallecimiento del dictador Pinochet, la derecha chilena ha tratado de zafarse de su ligazón a la imagen de la dictadura con toda su espiral de abusos y violaciones a los DD. HH. y en esta ocasión, concurre con una imagen “más limpia” y un tanto despercudida de la sombra pinochetista que tanto daño político le ha causado en estos últimos 35 años.
Unido a todo esto, hay que sumar el natural desgaste de la imagen de la Concertación después de 20 años de gobierno con luces y sombras y que pese a toda la buena imagen de la actual presidenta, esta no será suficiente para aliviar la sensación de fatiga que acomete en estos momentos al electorado chileno afín a la concertación, ciertamente decepcionado de una clase política que no ha estado (ni mucho menos) a la altura de sus expectativas y entonces, se da la situación que la derecha chilena está ganando adeptos (incluso en sectores anteriormente partidarios de la concertación) más que por méritos propios, por demérito de la coalición gobernante.
Lo que parece claro es que lo días de la Concertación han llegado a su fin y otra etapa, está a la vuelta de la esquina política en aquel austral país de Latinoamérica