Editorial
Por
Jorge Infante Velarde
Última actualización 30/07/2009@16:10:05 GMT+1
El empresario conservador Ricardo Martinelli ganó con comodidad las elecciones presidenciales del domingo 3 de mayo en Panamá.
El presidente del Tribunal Electoral del país centroamericano, lo declaró "ganador indiscutido" con el 61% de los votos. Su principal rival quedó 20 puntos porcentuales detrás.
Ricardo Martinelli, un multimillonario empresario educado en Estados Unidos, y dueño de la mayor cadena de supermercados de país, ha prometido como presidente electo, atraer inversiones extranjeras promoviendo el libre comercio.
Con el triunfo de Martinelli al frente de una coalición de partidos de derecha, Panamá se desmarca de la tendencia de otras dos naciones que han elegido o reelegido presidentes de izquierda este año (El Salvador y Ecuador) y, junto con Colombia, conformarían los dos más firmes aliados de EEUU en la región ya que ambos países han colaborado estrechamente con EEUU en diversas contingencias.
Panamá, que recuperó la democracia en 1989 tras el derrocamiento de Noriega a manos del ejército norteamericano, es un país con escasos dos millones de ciudadanos con derecho a voto y por su posición estratégica ha mantenido una gran importancia en Centroamérica aunque su peso específico dentro del concierto regional ha sido más bien escaso. El electo presidente Martinelli ha señalado que su gobierno combatiría la corrupción y aplicaría "mano dura", al crimen en un país afectado por la violencia del narcotráfico y las pandillas.
Se estima que este año el país crecerá sólo un 3% debido a la retracción del comercio internacional y a una menor demanda en el sector de la construcción, que en su momento fue pujante y que situaba a Panamá como el “nuevo Miami” con modernos hoteles e instalaciones turísticas que estaban atrayendo a gran número de residentes e inversores extranjeros.
El próximo mandatario deberá enfrentar el desafío de ampliar el Canal de Panamá, en un proyecto con un costo estimado en más de cinco mil millones de dólares (US$ 5.000 millones) que permitirá la navegación de modernos y enormes buques-tanque y aumentará de manera muy considerable el tráfico naviero por la zona del canal cuyo control recuperó hace algunos años -después de un siglo de concesión a los norteamericanos-, el gobierno de Panamá.