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Opinión: “Instinto Felino…”·

Cuento adelantado de navidad

Por Luis Sánchez de Enciso Sengenes

Cuento adelantado de navidad

14DIC17 – MADRID.- En mi anterior artículo olvidÉvalorar un hecho de gran importancia simbólica: la muerte de Manuel Marín. Quien había presidido el Congreso de los diputados y, dos décadas antes, protagonizado la adhesión de España a la Unión Europea, murió horas antes de la efeméride de nuestra Constitución.

Tal vez no le apeteció contribuir a solemnizar eso que, en el fondo, encierra esta realidad: Nuestra vergonzante anomalía dentro del mundo civilizado.

Érase una vez el más antiguo de los lugares de nuestro planeta. Tanto que lo denominaron el viejo continente. Como no era difícil apreciar, el momento presente señalaba a los países nórdicos como la más perfecta expresión de la democracia. Por cierto que Alemania, donde el hada buena Angela venía reinando en todo el milenio, no les iba a la zaga. Según descendíamos al sur y, sobre todo, nos alejábamos hacia occidente, la honorabilidad de las gentes se iba diluyendo hasta casi desaparecer. Así hasta llegar a cierta península.

Pero no todo era igual en Iberia. Los portugueses constituían un pueblo con estado propio y poco tenían que ver con sus vecinos hispanos. Quizás porque, mientras aquéllos tomaron buena nota de las ventajas ofrecidas por la presencia de la cultura inglesa, nosotros despreciamos la modernización brindada por los franceses… Así pues, lusos y españoles seguimos caminos distintos. Tanto como para llegar, tras cuarenta años de dictadura coincidente en el tiempo, a democracias gestadas de modo casi antagónico.

Mientras que la Portugal sojuzgada por el tirano Salazar regaló a la humanidad la indeleble revolución de los claveles, la Hispania del fascista sanguinario aguardó su muerte en la cama. A no tardar, en las entonces llamadas Cortes Generales, los próceres de aquel estado rancio proclamaron ‘desde el recuerdo emocionado al Caudillo Franco, ¡viva el Rey y viva España!’ Un rey a quien voy a desnudar, como en el otro cuento, diciendo que no fue muy ejemplar.

Pero no todo iba a ser igual en el reino que unieron a la fuerza Isabel y Fernando. Expulsados judíos y musulmanes, por el pecado de estar más cultivados que los cristianos viejos, algunas singularidades afloraron en la malsana España. Por ejemplo en el País Vasco, morada de una gente extraña, con una lengua propia extraña y un grupo sanguíneo propio también extraño. Allí rendían culto a la naturaleza (a su exuberante y respetado paisaje) a una suerte de lazos humanos basados en el matriarcado y a una rectitud que colisionaba con la picaresca patria. De tod@s debería ser sabido que hoy presume de ser la comunidad nacional más a salvo de la lacra de la corrupción. De eso que nos destaca vergonzantemente del resto de Occidente.

Tal fue el afán, por parte de los euskaldunes más radicales, de independizarse del reino que a partir de 1970 tomaron las armas y sembraron décadas de terrorismo asesino. La luz tiene su reverso de oscuridad. Pero… ¿acaso no se trata de oponernos con todas nuestras fuerzas, abordando antes las vías pacíficas, a lo que desprende putrefacción y puede contaminarnos? (mi opinión no excluye la firme repulsa a los crímenes de la ETA perpetrados en democracia)

Erase una vez que, de entre aquella anomalía que abochornaba a los demás países, hubo una nación sin estado que miraba con anhelo a Europa. Que maldecía que los Borbones hubiesen construido las vías del ferrocarril más estrechas para protegerse de los vientos de renovación llegados más allá de los Pirineos. Y esa comunidad, con su zona de sombra pero también con un brillo sin igual, era como todos sabéis Cataluña, que jamás dio la espalda a la Ilustración.

Demos un salto de dos siglos y situémonos en el presente milenio. Dándose cuenta antes de nadie del fracaso del proyecto ‘España’, buena parte de los catalanes, que fueron creciendo en número al calor de las provocaciones de políticos oportunistas y sin grandeza, decidieron afrontar el viaje de incierto final y romper amarras. Estaban tan ansiosos por conseguirlo que obviaron la grosera contradicción de haber aceptado por President durante quince años a un ladrón que ahora se sospecha milmillonario. No importaba… En la arcadia feliz todo sería tan guay que hasta acabarían para siempre con el cáncer metastásico de la corrupción.

Y en entusiastas festejos ciudadanos, no vistos antes en nuestra Historia por multitudinarios y pacíficos, la mitad de los capacitados físicos colmaron las calles y plazas durante cinco años seguidos, rogando al mundo ayuda para ver cumplido su anhelo. Que pasaba por el derecho, otorgado por los ingleses y canadienses en circunstancias además de un menor fervor social, de un referéndum pactado. Por cierto, ¿alguien duda que si el estado español fuera ejemplar jamás ganarían la crucial elección los independentistas?

Érase que se era que, sin legitimidad moral alguna, la gente de Génova 13 decidió actuar de forma autoritaria, apoyada en la razón de la fuerza, contra la mitad de los más luminosos de los súbditos del Reino. Contra casi los únicos de aquí que, para poder vivir felices, necesitan como el comer y el respirar sentirse ciudadanos. Y fue entonces cuando empezaron a pasar hechos sorprendentes y misteriosos. ¡Continuad leyendo, que mi cuento no os defraudará!

La bruja mala y perversa Cospe, que sólo por su secretaría general del partido más infecto de Europa penaría en la cárcel hasta en Portugal, se había dado un chute de vanidad. Alcanzado el codiciado rango de Ministra de Defensa y en la reciente fiesta nacional se permitió afirmar (a pregunta de periodistas) que el ejército también estaba para ocupar si hacía falta Cataluña. Fue vomitarlo y uno de los tres aviones cazas, que habían teñido el cielo con nuestra bandera, se estrelló volviendo a la base.

Éranse una vez dos simpáticos activistas sociales en la noble causa de la soberanía catalana, con cierto aire, por sus barbas y aire relajado y despreocupado, a los personajes mitológicos que se asoman a veces a nuestro común imaginario. ‘Los jordis’, los llamaban. Pues bien… No valiendo un lustro de reivindicaciones que admiraron al mundo, agarrándose como a un clavo ardiendo a su presencia en unos incidentes que no apoyaron (ahí está esa grabación en vídeo el 20-21 de septiembre pidiendo a los congregados que vuelvan a sus casas) la judicatura afín al PP decidió encarcelarlos preventivamente. Ahí siguen, en prisión, por la arbitraria decisión de unos administradores de la Justicia que rinden pleitesía a los políticos que los nombraron. Y nada más privarlos de libertad otra aeronave militar se estrelló. ¡Asombroso! ¿no?

Érase un perverso engranaje, urdido por individuos siniestros hasta gritar ‘basta’, destinado a viciar la Justicia: Rajoy-Catalá-Maza-Moix, que hicieron cuanto pudieron por bloquear la investigación de los periodistas, policías y fiscales honestos, que dibujan las trazas de la naturaleza criminal del Partido Popular.

Érase un Fiscal General de Estado que se desvivió por amparar a grandes delincuentes patrios y ensañarse con dirigentes catalanes que (saltándose las reglas del juego, ¿quién puede negarlo?) se afanaron en desentenderse de la decepcionante España. En desconectar de la más fallida democracia, aceptada por los menos dignos de ser llamados ‘ciudadanos’. Los riñones de Maza, filtradores también de las emociones y los pensamientos, no pudieron más y sabemos cómo acabó el magistrado que actuó de espaldas a la elemental deontología profesional. Por mucho que ahora se haya tratado de disculpar hipócritamente.

Y si el asombro no ha hecho aparición aún en el lector, una semana después murió, también repentinamente, el cómplice principal de Maza en Cataluña: El Fiscal Jefe de esa autonomía, Romero de Tejada. Pero, antes, sus declaraciones y decisiones, como las de su homólogo en Madrid, habían provocado no pocas discrepancias entre varias asociaciones representativas del poder judicial. Como la de llamar a declarar y amenazar a los centenares de alcaldes que ofrecieron espacios públicos para el referéndum del 1-O… ¿Acabará con él la lista de caídos fulminantemente? ¡Tras castigar implacablemente, retorciendo si hace falta la Ley (y desde luego que el sentido común) a quienes representan el aire renovado y urgente para vivir en una nación en la que no sea excepción la tolerancia y el respeto de los unos con los otros!

MORALEJA FINAL

Érase una comunidad humana que despreciaba a las nobles virtudes ciudadanas. Consentía pasar sus días humillada por unos gobernantes desalmados. Sin saber, sospecho, que eran tan cobardes como ella. Pero lo que menos soportaban esos tristes súbditos era descubrir entre sus semejantes a quienes decidieran con libertad, a salvo del miedo paralizante. Que en vez de defecar su frustración violando y asesinando a mujeres, maltratando animales y vejando a la madre Naturaleza, la canalizaran cívicamente, desafiando al Poder que abusa.

Érase que se era y el desenlace de este cuento sólo podemos escribirlo entre todas y todos.

A ciertos tipos se los derrota como a Drácula. Abriendo puertas y ventanas, para que entre a raudales la radiante claridad.

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