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Fragmentos de Vida

Templos Ggantija, Malta enigmática. Cíclope y Sirena
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Templos Ggantija, Malta enigmática. Cíclope y Sirena

Por Maica Rivera

Desde la prehistoria la humanidad siente necesidad de comunicación con los seres sagrados, preferentemente con las ánimas de ausentes antepasados, aceptar la muerte es difícil para el ser humano.

Sirena.

Gozo, Ghawdex en maltés, idioma que parece mide, controla y eterniza el tiempo, puesMaltaarchipiélago del Mediterráneo, habitada por tantas culturas y creencias en los últimos 7.000 años, se rebela como testigo de evolución humana, mitología, pensamientos y filosofía milenaria; leyendas enterradas bajo tierra y agua, protegidas por cielo azul y a la vez camino abierto directo al infierno pues fue escenario de demasiadas guerras y batallas, desprotegida en su aislamiento, atacada…pasiones humanas que atrapan en espirales infinitas representadas en los Templos de Ggantija.
La espiral es figura en la que principio y fin son confusos. Continuidad, perpetuación, movimiento infinito que se repite una y otra vez, circulo eterno, en el que la vida y el carácter cíclico de la evolución permanecen desde del inicio de los tiempos en ritmo repetitivo e irrepetible.

Gozo, isla del archipiélago maltés, habitada desde el Neolítico por pobladores procedentes de la cercana Sicilia -5000 a.C-, alberga en su interior los Templos de Ggantija, datados como los más antiguos del mundo -entre los que se mantienen sin sujeción- superando a las pirámides egipcias o a las ruinas de Stonehenge.

El yacimiento se compone de dos templos -3.500 a.C-, excavado en 1826, destaca por sus enormes y pesados megalitos que forman la pared exterior -algunos tenían cinco metros y pesaban cincuenta toneladas-.

La magnitud de los Templos es tan llamativa que durante siglos se extendió la leyenda que era obra de gigantes, pues no se concebía fuerza humana capaz de erigir tamañas piedras debido a su peso colosal. Restos de antigua civilización y testigos de ancestral leyenda, más antigua que la población de los seres humanos por las emociones, pues en ella amor no era ciego, locura no lo acompañaba, envidia aún no existía e ira era suave y calma…

Cuenta la leyenda que los dioses crearon un gigante al que llamaron Cíclope para la construcción de un templo donde los humanos adoraran a la diosa madre, deidad de fertilidad general, personificación de la Tierra, sagrada y necesaria, por todos amada y temida; de ella dependían cosechas y vida.

Los cíclopes eran seres de tamaño y fuerza descomunal encargados de construcciones de épocas pasadas, tienen su origen con hipótesis documentada en Sicilia, el descubrimiento de restos de las especies del Palaeoloxodon género extinto de mamífero Proboscideo de la familia Elephantidae, datado cerca de 400.000 años antes del presente, parece explicar el inicio de la leyenda de estos “gigantes”. Los últimos en el continente europeo desaparecieron hace unos 30.000 años, aunque hay indicios de una especie que sobrevivió un poco más, situándose la última especie viva del género en las formas insulares del mediterráneo, las cuales desaparecen aproximadamente hace unos 3.000 años .

El primer cíclope fue creado de una enorme roca siciliana, los dioses lo concibieron con un solo ojo para que no se distrajera con la belleza de la madre Tierra, su visión no debía de ver mas allá de los hoy conocidos megalitos que forman los templos más antiguos del planeta . Los dioses impusieron “la primera piedra debe de pertenecer a Sicilia, la segunda de la profundidades oceánicas, y la tercera, el Templo debe de asentarse en una isla aislada, cuya necesidad de autoabastecimiento les haga valorar de forma extremada la fertilidad humana, animal y agrícola”.

Cíclope extrajo del centro de Sicilia un hermoso peñasco de la cima más alta de los montes Eres, y se sumergió en aguas mediterráneas en busca de una isla cercana. Una extraña y bella melodía lo guió hasta bahía solitaria, sin saber como, sus enormes pasos lo condujeron a Ggantija donde asentó aquel trozo de Italia.

Volvió al Mar con un solo pensamiento, oír aquella música enigmática, dioses jamás imaginaron el poder de las sirenas del agua, mi querida Sirena, ella, allí estaba. El Mar tan antiguo como la Tierra y celoso del templo para adorarla, envío a Sirena, para que con su canto hechizara a Cíclope y en vez de uno, fueran dos los templos que él edificara, uno para adorar a la madre Tierra y otro para la diosa Agua, indispensables, tierra y cielo, aire y fuego sin ellos “todo se convierte en nada”.

Sirena cantó a Cíclope leyendas de amor olvidadas, le habló de Luna, Musa y estrellas lejanas, Cíclope con su único ojo, a verlas no alcanzaba. Sirena prometió a Cíclope disposición mágica para los bloques de piedra del Templo, creando conexión astronómica entre Tierra, Cielo y Agua. Favorecer los ciclos de siembra y recolección de la agricultura, a la vez que construir lugar hechizado por Agua en Tierra, donde contemplar cielo y estrellas…ella a cambio, tan sólo pedía que la segunda piedra fuera de arrecife de aguas mediterráneas, y que la construcción ordenada por los dioses, de un Templo, fuera dividida en dos moradas, para que Agua no llorara olas tormentosas que a las criaturas marinas asustaban. Cíclope tan sólo una cosa ya deseaba, poder ver lo que ella narraba…

En idioma maltés la palabra Ggantija evoca “torres gigantes”, torres que no son sino piedras, una en cada templo, la de Sicilia adora a Madre Tierra, la del arrecife de Sirena reza a Diosa Oceánica. Arrecife que surge de las entrañas del Mar, desde allí Cíclope vio las ansiadas estrellas, galaxias…espirales en el Cielo, Tierra y Agua, conexiones milenarias. Hechizos de madrugada que Sirena silenciosa calla.

Templos que representan la más antigua expresión del megalitismo, fenómeno cultural cuyo foco se localiza en el mediterráneo occidental y la Europa atlántica, iniciado a finales del Neolítico perdura hasta la Edad de Bronce, construcciones arquitectónicas inexplicables, a base de los denominados megalitos, erigidos por gigantes, cíclopes o humanos… ni leyenda ni historia aclaran.

Camino sola hacia el interior de Gozo, Sirena queda esperándome en el pequeño puerto al este de Gozo, Mgarr. Al encaminarme hacia los templos, en mi mente ella y su última mirada, me reprocha que no quiera recordar vida pasada, por eso Sirena en esta ocasión calla, piensa que es hora de que examine recuerdos, motivos de insomnios de madrugada.

Entrar en la estancia de los Templos de Ggantija es entrar en museo frío y vacío, exposición de piezas sin alma, explicaciones que no consiguen transmitir emociones que emergen de las piedras allí inertes, conocedoras de dioses, gigantes y sirenas, más antiguas que la Pirámide de Guiza, lugar único en el mundo para observar las estrellas…

Ignoro vitrinas y vacías letras, abro una puerta para seguir sendero que indican carteles y flechas, alzo la mirada, una imagen a lo lejos captura por un segundo la atención, Citta Victoria y en su interior Cittadella cúpulas que embellecen cielo, imaginación y aire

Mi corazón se acelera, desviar los ojos hacía la derecha es encontrar la visión tantas veces anhelada, allí están, ante mí se alzan, solemnes y sin piedad golpean memoria oxidada, los dos templos religiosos más antiguos del mundo, supervivientes, espirales del cielo, mar y tierra, testigos mudos de leyendas e historias recuerdan que olvidar la historia es condena humana.

Acercarse a las inmensas piedras es sumergirse en siglos de historia que emanan de cada poro y orificio, originarios en su principio o creados por viento o agua… observar inscripciones de siglos, fechas y vidas allí grabadas… flores que nacen salvajes y desafían a la naturaleza dando savia y sangre a roca inerte para despertarla. El silencio reina, de fondo el canto enigmático de las sirenas desafiando en belleza y fuerza a la madre naturaleza.

La primera piedra, aroma a Sicilia, eterna cuna de arte inspiración divina por cíclope traída, la segunda, arrecife mágico de mar mediterráneo, calma de furia de dioses por desobediencia de gigante enamorado de sirenas y estrellas. Y la Tierra…tierra maltesa que encierra historia y leyenda.

Templos de Ggantija, declarados Patrimonio de la Humanidad, acunan el concepto de “Madre Tierra” reconocido por las Naciones Unidas como expresión común para referirse al planeta Tierra, y que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta. Una vez más la mitología traspasa los limites de ficción y realidad…si es que alguna vez existieron.

Lo cierto es, que tan real como que aquí se encontraron estatuas y figuras que representan a la Diosa Madre, Sirena me espera en el puerto de Mgarr para regresar juntas… si es que recuerdo donde mi hogar se halla.


Un abrazo,



Maica Rivera

Scott Hefti


www.maicarivera.com

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