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La escénica Ruta 40 de Argentina

La escénica Ruta 40 de Argentina

Por Joaquín del Palacio

Esta carretera es la más larga y espectacular del mundo, ya que corre en paralelo a la cordillera de los Andes. La zona con más diversidad está en la provincia de Mendoza donde se unen geografía e historia, gastronomía, bodegas y cultivos y, por supuesto, el encanto de los pueblos y su gente.

La escénica Ruta 40 de Argentina
La escénica Ruta 40 de Argentina

En 1935 Vialidad Nacional de Argentina trazó una nueva ruta para unir ciudades y pueblos del oeste del país. La carretera tendría más de 5.200 km y partiría desde Mendoza: Ruta 40 Norte y Ruta 40 Sur. La Ruta 40 fue la primera que no salía de Buenos Aires y se confeccionó uniendo viejos caminos locales en su gran mayoría de ripio (grava). Posteriormente asfaltaron muchos tramos, que incluso cambiaron su trazado original, y el kilómetro cero se llevó a Cabo Vírgenes en el extremo sur del continente.

Varias rutas en una

La Ruta 40 gastronómica pasa junto al aeropuerto de Los Plumerillos de Mendoza, y su viñedo, (http://www.ciudaddemendoza.gov.ar/turismo) un oasis de vino repleto de árboles y parques. Después atraviesa viñedos, bodegas y se desliza por el fértil y verde Valle de Uco, cuna de verduras, hortalizas, frutales y más viñedos. Y más al sur visitará la tierra del chivito, vadeará ríos trucheros junto a rebaños en los puestos (aprovechamientos agropecuarios familiares y aislados).

La Ruta 40 histórica recorre los caminos que pisaron los huarpes y cruza sus canales que traen las aguas andinas y fertilizan los valles. Atravesará los territorios del coirón, la hierba típica patagónica, donde pehuenches y mapuches vivieron unidos a la naturaleza. La independencia argentina también se gestó en estos territorios. Y también el pasado más lejano, millones de años atrás, pues al sur yacen petrificados multitud de fósiles marinos.

La Ruta 40 atraviesa la naturaleza a lo largo de sus 5.200 km algunos de los mejores paisajes terrestres e, incluso... ¡De otro planeta! Corre en paralelo a la gran cordillera y pasa junto a animales salvajes como guanacos o choiques bajo la mirada quieta del cóndor. Nos recuerda aquellas viejas aventuras de hace 80 años... Aquellos chalados con viejos autos destartalados.

Ceda el paso a la historia…

En San Carlos (http://sancarlos.gob.ar/turismo/) la ruta se une a la historia. En 2016 celebran el Bicentenario de la Independencia. El general San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú, estuvo varias veces en el Valle de Uco. Descansó bajo el Manzano Histórico, hoy existe allí un monumento y un centro de interpretación, se reunió en La Consulta con la etnia mapuche en un Traun (parlamento mapuche) para organizar la revolución y usó el Fuerte de San Carlos como cuartel.

La vieja Ruta 40 pasa en San Carlos por un tramo precioso que parece un túnel verde entre árboles y juegos de luz. Hay antiguos almacenes regentados por turcos (llaman turcos a sirios o iraníes) que cedieron el paso al tiempo. En Chilecito permanecen algunos establecimientos tal y como fueron: la Estafeta, aunque ya no reparte cartas sino copas; una tienda con aquel género en sus estantes como un museo. Y también sigue igual el cine-bar de Pedro Rejan, todo un personaje, con sus viejas botellas de Relincho, el vino de “mil varietales”. Como él mismo dice: ¡el auténtico, el que se bebía hace más de un siglo! Y, también impasibles, desde la pared te miran viejos carteles de películas de los 50 y 60 en la misma sala que repartió fantasía e ilusión hace ya muchas décadas.

“La Vieja Ruta 40”

Hasta El Sosneado la Ruta 40 muestra su cara más antigua y auténtica. Más de 170 km de vieja ruta, idéntica a hace ocho décadas. Solitaria, salvaje y profundamente atractiva… Se despeja de árboles, aparecen Los Andes descarnados, con sus picos blancos y volcanes. El suelo se puebla de coirón. En Pareditas el paisaje de la vieja ruta se vuelve salvaje. Empieza el ripio, surge un impresionante paisaje de lomas esteparias y empieza la aventura. A partir de aquí la ruta tiene diez miradores, a cada cual más espectacular. Es un territorio de frontera, entre el antiguo territorio de los huarpes y el de los pehuenches, al sur. Tal y como ellos lo vieron hace siglos, y al cruzar el río Diamante, comienza La Patagonia...

San Carlos es lugar de parada y fonda para sentir la naturaleza, la montaña, el desierto y la laguna del Diamante que ofrece una imagen inolvidable, el reflejo del volcán Maipo, la mejor foto de tus vacaciones. Más cerca está el Desierto de Huayquerías, un paisaje extremo que está surcado por cañones de ríos secos, el mejor ejemplo del western sudamericano. Por el que se camina y se descubren formas y colores o pequeños auditorios pétreos en los que retumba la voz. Un balcón para observar el cautivador cielo austral o para sentir cómo te espían las águilas mientras caminas observando las rocas.

Relájate y disfruta…

Más al sur está Malargüe, http://www.welcomeargentina.com/malargue/ es el segundo departamento más grande de Argentina con más de 41.000 km2. ¡Un paraíso dentro del paraíso! Es otro oasis en el que se halla de todo: volcanes, nieve, cascadas, deportes de aventura... ¡E incluso el mar!

El encuentro entre la placa de Nazca y la continental sudamericana da origen a la cordillera más larga del mundo, Los Andes. La primera subyace bajo la segunda y la eleva hacia el cielo. Sus cimas más altas, que rozan los 7.000 m y cobijan glaciares, están en la provincia de Mendoza. La estación de esquí de Las Leñas tiene una nieve excepcional que aparte solamente cae en Aspen, E.E.U.U, y Andorra. Esos hielos perpetuos alimentan ríos como el Atuel, el Malargüe o el Grande que atraviesan el desierto creando un territorio singular.

En el pasado lejano los mares entraron y salieron varias veces de aquí dejando fósiles como testigos mudos de aquellas playas, de aquellos momentos en que se gestaba lo que vemos hoy... En el kilómetro 2915 de la Ruta 40 está Manqui Malal y su ruta paleontológica que descubre aquel pasado marino. Sus fósiles te cuentan su vida junto al río que salta por una alta cascada que a veces sobrevuela algún cóndor curioso. En su restaurante te espera el sabroso chivito con buen pan y el tinto mendocino. En el 2911 está Turcará, el paisaje no cambia pero la actividad sí y es para todos los públicos, incluso con minusvalía. Esto es admirable. Las piedras se escalan, se pasean, se rapelan o se cruzan en puentes tibetanos e incluso, se vuela sobre ellas colgado de tirolinas.

Un cielo diferente

Rufino Ortega fue el general encargado de hacer la triste y sangrienta Campaña del Desierto en la segunda mitad del siglo XIX. En Malargüe permanecen su casa convertida en museo y tienda de productos locales, sus jardines hoy abiertos al público, la coqueta capilla y algunas monedas de las que acuñó para hacer mayor su “imperio”. Ese es el pasado reciente de Malargüe.

El presente es aún más rico pues se trata de una ciudad viva y alegre, con juventud y actividades para no aburrirse, por ejemplo, en el Centro de Convenciones proyectan cine a diario y a veces de 3D pero hay más sorpresas. ¡Malargüe mira al cielo y el cielo le mira a ella! El Planetario es digno de una gran capital, con exposiciones, observaciones con telescopio, proyecciones en 360º, etc. Es una ventana a las estrellas. Y es que tienen un trato especial con el Universo porque también está el Observatorio Pierre Auger en el que captan rayos cósmicos que caen y los interpretan. La ciencia-ficción se hace aquí realidad...

Otro planeta no... Es Payunia

Más al sur existe un lugar único: la Reserva Provincial La Payunia. http://www.patrimonionatural.com/html/provincias/mendoza/payunia/payunia.asp El edén del vulcanismo con 800 conos volcánicos se conoce como La Payunia. ¡Es otro planeta! Todo está lleno de volcanes, coladas de lava, cenizas de erupciones y bombas volcánicas por doquier. Es la patria de Vulcano, existen volcanes de todos los tipos unos junto a otros: hawaiano, estratovolcán, domos, hidromagmáticos, estromboliano, etc. Todos con formas y colores diferentes. El volcán Payún Matru es inmenso, más bajo y extenso que su hermano el Payún Liso que es perfecto y cónico, orgulloso de recortar el horizonte clavándose en el cielo. Abundan las coladas, una de ellas, kilométrica, arrinconó al río Grande estrechándolo en un paisaje negro de rocas retorcidas por las que discurren sus aguas.

Además es el territorio de los guanacos que campan a sus anchas devorando el coirón mientras el macho alfa, llamado relincho, vigila altivo subido en una roca, mientras tal vez sea observado desde el cielo por un cóndor. El paisaje se asemeja a un tapiz abstracto de lava negra o rojiza que está parcialmente recubierto por el coirón amarillento donde se esconde el piché o armadillo que corretea huidizo tratando de escapar de miradas y fotografías. También es el territorio del choique, similar al ñandú, que aparece de pronto, te sorprende, se asusta dándose la vuelta y escapa alocado a la carrera.

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