Editorial
A sus primeros cien días, Piñera resulta un político casi inclasificable según los cánones tradicionales y sorprende incluso, a sus propios partidarios
Por
Jorge Infante Velarde
Última actualización 20/06/2010@22:13:24 GMT+1
Aunque se autodefine de centro derecha y asegura haber votado al “NO” en el plebiscito que marcó el inicio de la recuperación de la democracia en Chile, a sus primero cien días en el gobierno, Piñera está resultado toda una “caja de sorpresas” aún para sus propios y más inmediatos colaboradores.
Ya en su campaña presidencial, ciertos sectores tildaban a Piñera de ser mucho más progresista incluso, que la propia Concertación y hoy mismo, algunos de sus partidarios algo desencantados del giro que están tomando algunas cosas (especialmente desde las filas de la ultraconservadora UDI) dicen por lo bajo que el gobierno de Piñera va camino de transformarse en el “quinto periodo de la Concertación”
Cierto o no, Piñera está resultado de momento, como “inclasificable” incluso para los analistas políticos. “Quienes creían en un rápido giro a una derecha más fuerte –afirma un conocido politólogo chileno-, se han equivocado de plano. Piñera si bien es de derecha, no representa a la derecha clásica a la cual estábamos acostumbrados en Chile hasta comienzos de los 60 y que pareció regresar fuertemente arropada con el gobierno militar. Piñera es seguidor del modelo neoliberal pero al mismo tiempo algunas de sus medidas le hacen aparecer a mucha distancia de acciones propias de un gobierno de fuerte tendencia conservadora”
Por otra parte, Piñera está lejos todavía de ser un “populista” al estilo más tradicional y tópico ya que algunas de sus medidas y acciones van más allá con lo cual, afirma este analista, podríamos estar frente a una nueva forma de populismo que busca además del favor y reconocimiento de las masas, conseguir de manera efectiva algunas mejoras para estos sectores de la población sabedor de que los tiempos están cambiando y que el futuro de los políticos depende cada vez más de la fuerza mediática que puedan imprimir a su accionar.
Hace unos días, Piñera y su esposa pasaron la noche con una familia de afectados por el terremoto en la región de Dichato en una de las “mediaguas” (viviendas de emergencia) que el gobierno ha entregado a los damnificados y que según las cifras oficiales, alcanzan a la fecha, la nada despreciable cifra de 50.000 unidades lo cual en un país como Chile, lastrado desde siempre por un lento entramado burocrático que alarga al infinito cualquier acción, es ya todo un logro y una clara muestra de que se puede unir “la acción a la palabra”.
Al día siguiente y para cerrar la puesta en escena, Piñera compartió a primera hora de la mañana con los pobladores, la jornada futbolística inicial de la selección chilena. ¿Es esto neo-populismo? Sus detractores dicen que sí. Otros creen que no y dicen ver en Piñera a un político que aún siendo de derecha, está intentado distanciarse -ya sea por estrategia o convicción-, de la derecha más ortodoxa y que ha asumido muchas de las políticas sociales de la Concertación, manifestando incluso su disposición a mejorarlas.
A poco de asumir el poder, Piñera propuso algo insólito en la historia nacional: aumentar los impuestos a las empresas más poderosas para financiar el plan de reconstrucción del país tras el sismo y posterior tsunami de febrero. Esto disparó de inmediato las críticas iniciales de sus propios aliados entre los cuales se encuentran algunas de las fortunas y familias de empresarios más poderosas del país y de las cuales el propio Piñera, es un miembro prominente. No hay que olvidar que Piñera, un multimillonario empresario, es la tercera fortuna de Chile. Esta decisión fue la que motivó ácidas críticas entre sus propios seguidores algunos de los cuales le acusaron de ser “el quinto gobierno de la Concertación”.
Integrante del partido de derecha liberal Renovación Nacional, Piñera llegó al poder apoyado por la Coalición por el Cambio, que también incluye a la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), varias de cuyas figuras participaron en la dictadura (1973-1990) del general Augusto Pinochet (1915-2006).
En el tradicional mensaje presidencial del 21 de mayo, Piñera dijo que trabajará para que el país erradique la indigencia (3,2 por ciento de la población) en 2014 y la pobreza (13,7 por ciento) en 2018, a través de la instauración de un "Ingreso Ético Familiar" del equivalente a unos 470 dólares, entre otras medidas.
Para profundizar la democracia, también confirmó su apoyo a proyectos de ley fallidamente impulsados por la Concertación, como la inscripción automática en los registros electorales, el voto voluntario y el sufragio de los chilenos en el exterior, medida esta última que ninguno de los gobiernos de la Concertación consiguió aprobar ya que contó con el firme rechazo precisamente, de los grupos parlamentarios de Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI) quienes consideran que el voto chileno en el exterior es fundamentalmente, de izquierda. Se presume que un millón de chilenos residen en el exterior.
Por si fuera poco y por si no hubiera suficientes motivos de irritación para los sectores más conservadores, Piñera ha anunciado esta misma semana, que prepara la redacción de un proyecto de ley para regular las uniones de hecho entre parejas heterosexuales y homosexuales en asuntos patrimoniales. Para decirlo en una sola frase, Piñera se está atreviendo con los asuntos que mayor escozor provocan en los sectores más conservadores del país y que no son –como pudiera pensarse-, patrimonio exclusivo de la UDI ya que de manera transversal, la sociedad chilena goza de la reputación de ser una de las más conservadoras de Sudamérica motivo por el cual, es dable esperar variadas reacciones a estas iniciativas que por otra parte, muchos países ya contemplan en sus respectivas legislaciones.
Los más pesimistas ven en el accionar de Piñera, una estrategia comunicacional que en el fondo intenta distraer el verdadero propósito de sus proyectos de gobierno que –pese a todo lo que diga-, son claramente de derecha si bien –reconocen-, es muy positivo que implante medidas progresistas porque sin duda estas irán en beneficio de grandes mayorías de ciudadanos chilenos.
Después de 20 años de gobierno de la Concertación y en democracia, muchos ciudadanos piensan que poco se ha avanzado en temas tan importantes como la salud, la vivienda, el empleo y la educación. Piñera ha asegurado que todo esto, va a cambiar y los resultados de estos primeros cien días pueden ser un claro indicio de cómo serán las cosas en los próximos 1.360 días que restan para el fin de su gobierno.