Hemeroteca :: 06/03/2010
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Editorial
Por Jorge Infante Velarde
Última actualización 10/03/2010@15:18:57 GMT+1
La imagen externa de Chile da la impresión de un país compacto y homogéneo; con instituciones (públicas y privadas) sólidas y con larga tradición de seriedad; con una policía prácticamente insobornable –la incorruptibilidad de los carabineros (la policía militarizada) es casi legendaria en América del Sur donde se dice que es fácil eludir una multa de tráfico adicionando un billete a la licencia de conducir- y con una clase política, que pese a sus indudables fallos, parece estar por encima de los niveles que se conocen en otros países del continente.
Por si fuera poco, en estos últimos 20 años Chile ha logrado importantes avances en la macroeconomía al punto que hace muy poco, había ingresado al exclusivo "club de países ricos" (es el segundo país de Iberoamérica en hacerlo después de México) y las perspectivas anunciadas por los analistas económicos del FMI y el Banco Mundial auguraban que Chile sería uno de los primeros países en salir de la crisis económica global.

Por otro lado, el reciente proceso electoral en el cual triunfó el candidato derechista Sebastián Piñera logrando arrebatar el gobierno a la Concertación después de 20 años en el poder, atrajo la atención de analistas internacionales que coincidieron en señalar tanto la limpieza del proceso democrático como el orden y tranquilidad en que se desarrolló toda la campaña política, lo que le valió a Chile el reconocimiento internacional como país que ha avanzado y mucho en el respeto a los valores democráticos y en la cultura cívica en que se asientan los países más desarrollados..

Todo esto que venía a ser la tónica que marcaría el nuevo gobierno (que asume el día 11 de este mes de marzo) y el sello identificativo, de este año del bicentenario de su independencia, se vio brusca y fatalmente interrumpido por el devastador sismo que recorrió buena parte del país el pasado día 27 de febrero y que en un recuento preliminar, ha dejado a medio millón de hogares chilenos en el suelo y a dos millones de damnificados directos de la catástrofe además de casi 500 fallecidos

Además de los cuantiosos daños materiales, el terremoto ha permitido que salgan a la superficie las tremendas diferencias sociales que existen en el país y que por diferentes razones, permanecían larvadas aunque son perfectamente conocidas por los distintos actores sociales y políticos y que desde la recuperación de la democracia, no han podido ser neutralizadas por los distintos gobiernos de la Concertación.

Es un hecho que Chile ha estado siempre dividido y que la reciente tragedia ha conseguido sacar a la luz esta situación de manera clara e indesmentible. Las diferencias sociales, económicas y aún políticas, se arrastran desde la instauración de la dictadura y han eclosionado dramáticamente en las escenas de pillaje y saqueo que desaforadamente, vivió la ciudad de Concepción en las horas siguientes al terremoto.

Según han informado las autoridades, la policía ha recuperado a la fecha, especies robadas en comercios y supermercados asaltados por grupos de exaltados, valoradas en tres millones de dólares y han sido necesarios 35 camiones para recoger todos los efectos robados y que van desde colchones a televisores pasando por frigoríficos, cajas de vino y microondas y, en menor medida, productos de alimentación.

La policía y las autoridades judiciales han detenido ya a 165 autores de estos ilícitos (con la colaboración de ciudadanos muchos de los cuales, sienten repulsa por estos hechos) y la primera sorpresa que evidenciaron las grabaciones de los medios informativos en ocasión de los hechos, fue que el saqueador distaba en muchos casos, de ser el delincuente habitual o el poblador proveniente los sectores marginales de la ciudad ya que muchos de quienes robaron supermercados y comercios, eran ciudadanos -en apariencia-, pertenecientes a los estratos medios.

Ciertamente la explosión social ocurrida después del terremoto y que derivó en pillaje y saqueo no es un hecho casual ni corresponde a una situación espontánea ( a aquello de que “la ocasión hace al ladrón") ni estuvo generado por la posibilidad de hacerse con productos sin pagar por ello y, muchos menos, -como intentó justificar uno de los detenidos por estos robos- se trataría de una nivelación de cuentas con los comerciantes que roban en los precios.

Aunque han transcurrido 20 años desde el retorno de la democracia, sólo el 26 por ciento de la población ha logrado salir de la miseria y 14 de cada 100 chilenos viven todavía por debajo del umbral de la pobreza y una vez más los sectores pobres fueron los más damnificados.

Las escenas de saqueo revelan que este comportamiento escandaloso está basado en una división muy profunda de la sociedad y es la división que genera la pobreza y la exclusión social, provocadas por el sistema económico imperante que de manera lenta pero inexorable, va apartando de manera gradual a sectores sociales que aumentan las bolsas de ciudadanía que queda fuera de los circuitos de consumo al tiempo que aumenta las áreas del empleo precario con salarios que no se condicen con la calidad de país de sólida economía emergente que tiene Chile en el contexto de Sudamérica. Esto genera inquietud, inseguridad y desconfianza en amplios sectores de los trabajadores y sus familias.

Ciertamente el gobierno que recién entra tendrá una ardua tarea no solo para recomponer y reconstruir el país y por ende la economía, reordenando las prioridades aunque en definitiva, -y como apuntaba un reconocido político que ha ocupado importantes cargos en gobiernos anteriores-, “todo esto (lo de la reconstrucción) es algo que se arreglará con más o menos dinero y en mayor o menor tiempo pero a la larga, se arreglará. Ahora lo verdaderamente importante, es devolver al conjunto de la ciudadanía, el respeto por las instituciones, las autoridades y, de manera inexcusable, reparar la confianza de los ciudadanos afectados, en la idoneidad de las autoridades”

Este panorama augura entonces una fortísima tarea para el gobierno de Piñera y para los que vengan en los próximo 15 años y por ello, es muy esperanzador el hecho que tanto el gobierno saliente como el entrante, se hayan comprometido para trabajar juntos, por encima de diferencias políticas, en una labor de cooperación estrecha con un solo propósito: reparar en el mínimo tiempo posible, las heridas que ha dejado este terremoto: por un lado la reconstrucción pura y dura del país y por otro, restañar las heridas sociales que tiene una gran parte de la sociedad chilena y que en ocasión de esta tragedia, han salido a flote para constituir un problema que de manera inexcusable, este gobierno y los que vengan, tendrán que solucionar de manera definitiva. Sólo así Chile podrá reafirmar su papel de liderazgo al cual está destinado en el conjunto de países de Sudamérica,
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  • El terremoto aumenta la división social entre los chilenos

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    484 | Luis - 10/03/2010 @ 19:34:33 (GMT+1)
    Felicitaciones por le articulo, en verdad, me parece, refeja casi fielmente lo que esta ocurriendo aca.
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