Editorial
Por
Jorge Infante Velarde
Última actualización 06/03/2010@00:06:41 GMT+1
El fenómeno se registra en el Cono Sur americano, donde los jefes de Estado de Brasil, Chile y Uruguay se preparan para concluir sus respectivos mandatos, que –por disposiciones constitucionales- no pueden ser extendidos. No es casualidad que esto se haya dado en estos países, donde en los últimos 15 años se ha llevado a cabo un proceso de fortalecimiento de las instituciones más fuerte que en otras partes de la región y lo que distingue a Lula, Bachelet y Vázquez de otros líderes de la región es que en ellos, prevalece una visión más de estadista que de caudillo político, como estamos acostumbrados a ver en América Latina.
Lo anterior resulta por lo demás muy claro ya que ninguno de los tres más populares presidentes que ha tenido Sudamérica en décadas, (Lula -Bachelet-Vázquez), no ha hecho nada por perpetuarse en el poder a diferencia de otros mandatarios de la región que consiguieron modificar sus respectivas constituciones para permitir su continuidad en el poder y el caso más reciente lo tenemos en el presidente de Bolivia que con un contundente 63%, se ha asegurado una permanencia que podría extenderse indefinidamente aunque él mismo ha expresado que no gobernará mas allá de 2015.
Presidentes tan distintos en procedimientos, líneas de orientación política y carisma como Hugo Chávez en Venezuela, Álvaro Uribe en Colombia y Rafael Correa en Ecuador lograron continuar en el poder modificando sus respectivas constituciones y precisamente por estos días, Uribe ha sorprendido a propios y extraños al declarar que la posibilidad de un tercer mandato para él, está (además del congreso de su país), en “manos de Dios” acercándose peligrosamente, a esa cierta “enajenación divina” que suele acometer a algunos políticos que cuando permanecen demasiado tiempo aferrados al sillón presidencial, creen que ello sucede porque están predestinados por las instancias celestiales para guiar a sus pueblos y un peligroso mesianismo, se apodera de ellos. La historia universal está llena de ejemplos similares desde tiempos inmemoriales.
Sin embargo hoy mismo, tres claros ejemplos de otros tantos gobernantes parecen haber invertido esa tendencia y son precisamente los más populares presidentes que se han dado en las últimas décadas en Sudamérica. Estos tres mandatarios han dejado el poder o se aprestan a hacerlo, cada uno de ellos en la cúspide de su popularidad personal sin que hayan aprovechado mínimamente esta situación, para sugerir siquiera una posible continuidad al frente del poder si bien cada uno de estos tres mandatarios, ha intentado que uno de los “suyos”, continúe en el gobierno.
El primer caso lo encontramos en el Uruguay donde Tabaré Vásquez, un presidente que alcanzó altas cotas de popularidad y aceptación a su mandato, no logró traspasar ese fuerte respaldo a su elegido como pre-candidato presidencial, su ministro de economía Danilo Asttori y fue “Pepe” Mujica, un ex guerrillero tupamaro y también “oficialista”, el que ganó la presidencia de Uruguay en unas elecciones que no dejaron lugar a ninguna duda sobre el claro veredicto de las urnas.
Otro tanto ocurre en Chile donde Michelle Bachelet, con una popularidad y respaldo a su persona (que no al bloque político que la apoya) cercano al 80%, ha visto como el candidato de la oposición Sebastián Piñera le sacaba 14 puntos de ventaja en primera vuelta, al candidato oficialista, el actual senador y ex presidente de la republica Eduardo Frei, que no ha conseguido arrimar a su candidatura, ese respaldo popular del que goza la carismática presidenta chilena, la primera mujer en ocupar ese cargo en uno de los países más conservadores y machistas de Sudamérica. La duda, se despejará el próximo día 17 de enero cuando oficialismo y oposición representados por Frei y Piñera respectivamente, reciban el veredicto popular.
Y algo parecido ocurrirá con toda seguridad en Brasil, donde Lula Da Silva, el presidente más popular de toda la historia política de Brasil y uno de los políticos sudamericanos mejor valorados por la comunidad internacional, dejará su puesto en 2011 sin conseguir que la persona designada por él como continuadora de su gestión, Dilma Rousseff, consiga apoyo y respaldo popular ya que el líder de la oposición brasileña y pre candidato José Serra, es de momento, el que tiene la más alta intención de voto.
Tampoco hay que olvidar que el penoso suceso del golpe de estado en Honduras del pasado mes de junio con todos sus bochornosos episodios, tuvo como justificación subyacente para los golpistas, el hecho que Zelaya (el presidente constitucional de Honduras) pretendía efectuar un referéndum ilegal para luego, reformar la constitución y perpetuarse en el poder, al estilo de lo que hicieron antes y, con éxito, Chávez, Uribe, Correa y Morales en Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia respectivamente.
Ciertamente que estos tres mandatarios (Lula-Bachelet-Vázquez) no hayan buscado perpetuarse en el poder es algo positivo para la región, pero es improbable que su ejemplo sea necesariamente repetido en otras naciones del subcontinente americano (incluidos los países de Centroamérica), donde no existe una base institucional tan sólida como en Brasil, Chile y Uruguay.
Todo lo anterior lleva a la inequívoca conclusión de que gran parte de la popularidad de Lula, Bachelet y Vázquez es atribuible mayoritariamente al carisma personal de cada uno de ellos y que esta popularidad y respaldo, no es algo que sea necesariamente transferible.